sábado, 12 de febrero de 2011

EL BUEN GRANO DE TRIGO

“De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto.
“El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará” (Juan Cap. 12: versículos 24,25)

Estas expresiones las vertió el Señor Jesucristo ante la proximidad de su muerte en la cruz del monte Calvario. Les dijo a Andrés y Felipe, cuando éstos cumplían con el encargo de unos prosélitos griegos-convertidos al judaísmo- que querían ver a Jesús. La manera reiterada como el Señor les comunica “de cierto, de cierto…”  muestra que lo que se iba a decir era una enseñanza muy relevante.
Parafraseando el texto podemos decir respecto del trigo lo siguiente:
a. Si el trigo cae a tierra y muere el resultado es que lleva mucho fruto
b. Si el trigo no cae a tierra ni muere el resultado es que queda solo (no se reproduce).
Por  simple observación sabemos que si tenemos granos de trigo, digamos en un frasco de vidrio y lo tenemos en nuestra alacena no sucede nada. Y si por el contrario, tomamos esos granos de trigo y lo ponemos en contacto con la tierra. Los sembramos y a los pocos días germinará la semilla, la vida se abrirá paso; luego después al crecer nos dará una espiga, llevará ya no un grano sino muchos granos.
Dentro del contexto de la lectura de estos versos, el grano de trigo es el cuerpo de nuestro Salvador Jesucristo, que estaba muy cercano a ser puesto bajo tierra. Esto es ser muerto por nuestros pecados en la cruz, sepultado y luego ser resucitado. Era necesario que sucediese aquello  para nuestra salvación. Porque de lo contrario habría vuelto, Jesús,  al cielo sin pena ni gloria; no se hubiera dado ninguna salvación. Pero el Señor vino a este mundo con un propósito específico, para morir por los pecadores: “Más Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Rom. 5:8).
Satanás luchó a brazo partido, durante la existencia física de nuestro Salvador,  para frustrar los propósitos  de Dios e impedir nuestra salvación. Apenas nacido Jesús buscó matarlo “…he aquí un ángel del Señor apareció en sueños a José y dijo: Levántate, y toma al niño y a su madre, y huye a Egipto, y permanece allá hasta que yo te diga; porque acontecerá que Herodes buscará al niño para matarlo.”  (Mat. 2:13c). Mientras nuestro Señor Jesús ejercía su ministerio terrenal, Satanás, usó a los dirigentes judíos para  pretender quitarle la vida antes de tiempo: “Después de estas cosas, andaba Jesús en Galilea; pues no quería andar en Judea, porque los judíos procuraban matarle” (Jn. 7:1). El mismo Señor les increpa a los líderes judíos “¿no os dio Moisés la ley, y ninguno de vosotros cumple la ley? ¿Por qué procuráis matarme? (Jn. 7:19).
En muchas ocasiones los judíos intentaron matarle  por apedreamiento: “Tomaron entonces piedras para arrojárselas; pero Jesús se escondió  y salió del templo; y atravesando por en medio de ellos, se fue.” (Jn. 8:59). Más adelante “Entonces los judíos volvieron a tomar piedras para apedrearle..Le respondieron los judíos, diciendo: Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; porque tú, siendo hombre, te haces Dios.” ( Jn. 10:31,33). No conforme con todo ello, Satanás va usar una persona del círculo más íntimo del Señor Jesús, como es  Pedro. El Salvador instruía a sus discípulos:” que le era necesario ir a Jerusalén  y padecer  mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día.” (Mat. 16:21). La reacción voluntariosa y carnal de Pedro fue  decirle al Señor:”… Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca.” (Mateo 16: 21,22).  Por supuesto mereció el rechazo inmediato del Señor Jesús, porque discernió que era Satanás  quien había puesto en boca de Pedro  esta idea de auto conmiseración y no hacer la voluntad de su Padre.
Pero llegado el tiempo de Dios  y no en el tiempo de los hombres Cristo cumplió los propósitos de Dios Padre, pues dijo: “... Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado.”(Jn. 12:23). En efecto ahora si cayó el trigo en el seno de la tierra (muerto y sepultado) el resultado después de su resurrección y ascensión al cielo (glorificación) es que trajo mucho fruto: Almas redimidas por su preciosa sangre derramada en la cruz.  Esos muchos frutos no son sino ese contingente de discípulos que primero fueron doce, luego ciento veinte en Aposento Alto (Hech. 1:15); se añadieron tres mil más (Hech. 2:41) para incrementarse a cinco mil (Hech. 4:4) y así sucesivamente hasta que culmine el tiempo de la gracia. “…pero si muere, lleva mucho fruto.”
Este mismo principio debe ser replicado en la vida de todo discípulo de Cristo para que  pueda llevar fruto. No podemos producir fruto para Dios si es que  no morimos al mundo y a nuestra carne. Tenemos que estar conectados con el Señor Jesucristo.”Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.” (Jn. 15:5).El Apóstol nos instruye: “…haced morir, pues, lo terrenal en vosotros…” (Col. 3:5a) y en otro texto señala  “…los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él.
Relacionado con el versículo ya analizado leemos “el que ama su vida, la perderá, y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará” (Jn.12:25) empero ¿qué significa este verso? De la misma manera que el versículo anterior podemos parafrasear así:
a. El que ama su vida en este mundo la perderá
b. El que aborrece su vida en este mundo  la guardará para vida eterna.
En el punto (a) lo que se nos dice, en buen romance, es que si amo la vida mundana sin tener en cuenta a Dios; lo que yo puedo esperar es mi perdición y llegar a ser inquilino del infierno en la eternidad. Por el contrario en el punto (b) si aborrezco vivir la vida mundana de espaldas a Dios;  pero elijo la vida de obediencia a Dios lo que obtengo es la vida eterna, el hogar celestial será mi destino.
                El apóstol Pablo lo expresó esta verdad con meridiana claridad cuando escribió: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí…” (Gal.2:20). No somos llamados a exhibir el yo, sino a Cristo en nuestras vidas. Aborrecer su vida en este mundo significa  hacer morir el yo y dejar que Cristo sea reflejado en nuestras vidas. Eso es ser creyente, eso es ser discípulo de Cristo.  No juguemos pues a la religión: soy de tal iglesia o de cual iglesia, de la mejor doctrina o peor doctrina. Lo que importan es la calidad de fruto que somos a los ojos de Dios. Los poemas místicos de Santa Teresa de Ávila no están lejos de esta genuina aspiración por agradar al Señor al versificar: “Vivo sin vivir en mi/ y tan alta vida espero/que muero porque no muero. /Vivo ya fuera de mí, /después que muero de amor, / porque vivo en el Señor, /que me quiso para sí;/cuando el corazón le di/ puso en mí este letrero:/’que muero porque no muero’”.

FIN
Práxedes Reynaga E.  febrero 2011-02-12

lunes, 15 de noviembre de 2010

Escudriñando La Palabra del Señor..."Jesús Lava los pies de los discípulos" (Jn.13:2-17)

Esta acción ejemplar del Señor Jesucristo se produce durante una cena, ¿dónde? en el Aposento Alto. Al principio del relato se destaca que Judas Iscariote ya había dispuesto en su corazón entregar a su Maestro a las autoridades religiosas, quienes tenían la aspiración nefasta de darle muerte. Por otra parte se advierte que nuestro Salvador está plenamente consciente que va hacia la cruz a sacrificar su propia vida y ser glorificado en su resurrección y ascensión hacia el cielo, de donde había descendido. Temporalmente él  se despojó de su gloria para venir a la tierra "... que había salido de Dios, y a Dios iba" (Jn. 14:3).
Era costumbre entre los judíos que la persona que invitaba a una cena disponía de un esclavo para que lavase los pies de sus invitados, que por caminar entre las calles polvorientas y con sandalias abiertas traían los pies sucios. La limpieza de los pies era una cuestión previa al disfrute de la cena. Lo cierto es que en Aposento Alto todo estaba dispuesto, además de la cena; estaba listo el lavamanos, la jarra, estaban los paños de lino, había agua en la jarra. No obstante ninguno de los discípulos tomó la iniciativa de cumplir esta tarea de lavar los pies. No podría ser de otra manera, porque si recordamos entre los episodios relatados en los evangelios encontramos que Jacobo y su hermano Juan pidieron que en la "gloria" del Señor les concediese el privilegio de sentarte a su derecha y izquierda, respectivamente (Mr. 10:37), los otros diez "comenzaron a enojarse contra Jacobo y Juan" (Mr.10:41). Es evidente que ¡todos eran orgullosos! Ninguno de ellos estaría en condiciones de "rebajarse" haciendo nada menos una labor de un esclavo o siervo. ¡Qué tragico es cuando los cristianos no estamos dispuestos a prestar un servicio humilde!.
Pero el Señor y Maestro, Jesús, esbaba allí observando esa actitud de sus discípulos que aún no habían asimilado la lección. Según la narración bíblica, el Señor Jesús comenzó a lavar los pies de todos sus discípulos incluido Judas Iscariote. Les dio una gran enseñanza de humildad y servicio. Pedro, el siempre impulsivo discípulo le dice que Tú siendo nuestro Señor y Maestro ¿vas ha ejecutar una tarea denigrante de esclavo y siervo? ¡No puede ser! pero el Señor le dice que ahora no está está en condiciones de entender y que después lo entendería.
El siempre listo discípulo, Pedro, dice que también le lave las manos y la cabeza. Entonces el Señor le aclara que "...el que está lavado" (Jn. 13:10), mejor dicho bañado , esto es, "purificado de la pena del pecado por medio de la sangre de Cristo", no necesita sino lavarse los pies. Todos los discípulos a excepción de Judas Iscariote habían recibido a Jesús como su Señor y Salvador, pero en su transitar en la vida no estaban exentos de la contaminación del pecado.
Luego del gran ejemplo el Señor Jesús, los llama a seguir su ejemplo qué él les dió. La Pregunta es ¿deberían lavarse los pies literalmente los unos a los otros con agua? Como ocurre actualmente en algunas iglesias actualmente en lo que se denomina la semana santa. ¡por su puesto que no! Más bien tiene un significado espiritual, lo que el Señor nos enseña es que los que nos preciamos sus discípulos, los que formamos parte de su iglesia, deberíamos mantenernos limpios los unos a los otros, mediante una constante comunión en la Palabra. Por ejemplo, si alguien ve a su hermano enfriándose a punto de volverse mundano, debería exhortarle con amor mediante la Biblia. Muchas veces el orgullo o la animosidad personal nos impiden humillarnos a servir a nuestros hermanos, debemos recordar que ninguno es mayor que su Señor (Jesucristo).
Finalmente la Palabra del Señor nos muestra de cuan beneficioso para nosotros es obeceder el mandato del Señor, pues dice "si sabéis estas cosas, bienaventurados (dichosos) seréis si las hiciereis" (Jn. 13:15). No sólo es saberlo sino practicarlo, "la fe sin obras es muerta", como diría el escritor bíblico, Santiago.

FIN

sábado, 9 de octubre de 2010

¿EN QUÉ CRUZ MURIÓ EL SEÑOR JESÚS?

Hay una secta religiosa que pretende denigrar a nuestro Señor Jesucristo al decir que él es "un dios", y quieren hacer  creer a los incautos que no es Dios. Con ese propósito diabólico  han adulterado todos los textos del Nuevo Testamento que hablan de la deidad de Jesucristo y así acomodar la Biblia a su doctrina malsana. Esa traducción de los Russelistas se denomina "Nuevo Mundo", yo diría versión del nuevo engaño, del padre de las mentiras. Y como si esto fuera poco, los mal llamados "Testigos..." aseguran que el Señor Jesús murió colgado en un palo y no en la cruz que todos conocemos.
En primer término debemos indicar que la palabra "crux", en latí y "stauros" en griego sí primariamente significaba un palo vertical donde se castigaban a los delincuentes, suspendiéndolo o clavándolo; pero la palabra "stauros" no permaneció con un solo signficado. Todo lo contrario, adquirió más de un significado dependiendo del lugar, el tiempo y las costumbres. Así la palabra "stauros" (cruz) tuvo tres connotaciones o significados: "Conmisa" que era una cruz como la "T", cruz "inmisa" o latina, la cruz que todos conocemos; y finalmente la cruz "simplex" que consistía en un palo vertical.
¿En qué cruz murió nuestro Salvador? en la cruz "inmisa" o latina, la cruz clásica que todos conocemos y para ello nos basamos en tres fuentes, a saber: La tradición, los escritos del historiador Josefo que vivió 95 años después de Cristo y sobre todo la fuente de fuentes: La Biblia.
Las Sagradas Escrituras nos enseña que el Señor Jesucristo no murió según la ley judía sino según la ley y costumbre romana, como se puede leer: "entonces les dijo Pilato: Tomadle vosotros, y juzgadle según vuestra ley. Y los judíos le dijeron: A nosotros no nos está permitido dar muerte a nadie."(Jn. 18:31), queda muy claro que el Señor murió a manos de los romanos. Históricamente los romanos y fenicios emplearon la cruz "inmisa" o latina como medio de ejecución y tormento.
En otro pasaje bíblico que arroja más luz sobre lo que venimos tratando leemos:"y pusieron sobre su cabeza su causa escrita: ESTE ES JESUS, EL REY DE LOS JUDÍOS." (Mat. 27:37).Pregunta: ¿Si la cruz en que murió Jesús era un palo solamente en donde la parte superior está ocupado por sus manos sea que esté atado o clavado, podría colocarse un letrero sobre su cabeza? Imposible, el texto diría sobre sus manos y no sobre su cabeza.
Otro texto contundente lo encontramos en el Evangelio de Juan: "le dijeron, pues, los otros discípulos: Al Señor hemos visto. El dijo:Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré" (Jn. 20:25). Otra vez, si hubiera sido un palo no habrían sido necesarios "los clavos" (plural). Un solo clavo sería suficiente ¿no?
Alguno podrá aducir que Jesús efectivamente murió en un madero, es decir en un palo y no en la cruz "inmisa" amparándose en Hech. 5:30 "El Dios de nuestros padres levantó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándole en un madero". Es evidente que el escritor bíblico ha echado aquí mano de una figura literaria para darle mayor colorido y fuerza al relato. Esta figura es conocida como la metonimia en el que se sustituye un término por otro. Así cuando decimos Sérvulo Gutiérrez es "un gran pincel" estamos significando que es un excelente pintor. Si lo tomamos literalmente no tendría sentido. O cuando decimos Gonzáles Prada tenía una "pluma incisiva" estamos afirmando que era un escritor agudo. La expresión "colgándole en un madero" alude al elemento madera del que estaba construido la cruz "inmisa", donde fue muerto nuestro amante Salvador Jesucristo.
fin.